Probablemente todo empiece en la escuela, con la lista de útiles, la primera de todas. Orgullosos llevamos ese papel a casa, y vemos cómo mamá se esmera por que no falte nada, qué va a decir la maestra sino.
Con el tiempo mamá se va ocupando de otras cosas y nos queda a nosotros la responsabilidad de cumplir con lo solicitado, o de inventar una buena excusa para justificar que no nos acordamos de comprar el mapa número tres con división política de Europa que había pedido la profesora quince días antes.
Yo era muy, pero muy fanática de hacer las listas de invitados de las fiestas que organizábamos con mis amigas del colegio. Por aquellas épocas, todavía se usaban los "asaltos", o bailes en las casas de amigos, así que había muchas listas por hacer. La lista de las cosas que había que comprar, de la música que íbamos a pasar, y cualquier otra que se nos ocurriera.
Agenda del secundario, lista de cosas para el campamento
El tiempo dio lugar a otras listas: libros que leer, películas para ver, autores que investigar, materias que estudiar, idiomas que me gustaría estudiar, cualquier cosa que sonara interesante iba a parar a una lista. Iba, y va. Este post también perteneció antes de desarrollarse a una lista de "ideas para posts".
Pero no todas las listas son equivalentes. Hay dos grandes divisiones. Están las "prácticas": listas sobre compras que hacer, o las cosas que llevar en la valija antes de un viaje, o deudas a pagar. Hasta la ilusionada lista de nombres para el bebé en camino puede situarse en esta categoría.
Sin embargo también están las otras, las peores, las que implican cosas para hacer en un nivel más profundo. Pendientes.
Una clásica es la de las cosas que "hay que hacer" antes de morirse. No me gusta esa forma de encarar las cosas, y además qué malo llegar a tu último día con pendientes ridículos como saltar de un puente en elástico.
Hay libros enteros que son listas encubiertas: "Las 1001 películas que debés ver antes de morirte", o "Los 1001 discos que debés escuchar antes de morirte". Lo peor de esos libros es que tanto la industria musical como la editorial siguieron adelante después de que se publicaron, así que probablemente esos "1001" sean bastante más a esta altura.
Las listas reflejan lo que deseamos pero vamos postergando, con esa indescriptible satisfacción de, una vez cada tanto, ir tachando un ítem de alguna, y sentir que hemos logrado algo. Pero también tienen su lado oscuro: la frustración de no cumplir todo lo que en ellas hemos escrito.
Algunas postergaciones van tan lejos que quedan en eso, una lista. A veces hasta con un tinte tragicómico. Como la lista de invitados a una fiesta de casamiento que nunca fue, y que ya nunca será, porque se acabó el amor antes de concretarse el evento.
Se acerca fin de año, otro gran momento de listas. Empiezan los balances por todos lados, como en televisión, donde se ocupan largas horas de aire recordando lo que pasó en el año; en los trabajos, en las familias. Las listas de regalos navideños.
Y viene la otra lista, la tremenda, la de las "New Year's Resolutions" como indica la costumbre anglosajona. Las cosas que vamos a hacer en el año que empieza. Muchas veces las mismas del año anterior que no cumplimos, tal vez aggiornadas.
"Empezar el gimnasio", "Bajar de peso", "Dejar de (vicio que corresponda)", y otras cosas, que a veces se cumplen, y las más, quedan en lista hasta el año siguiente.
Lo dije al principio, soy particularmente fanática de hacer listas. Pero lo que más me gusta es cuando la vida se encarga de encontrar caminos que no fueron escritos en ningún papel y me sorprende. Y tal vez no tenga dónde tildar lo que me está pasando. Pero me pasa, y eso me recuerda que estoy viva, y sigo, y ando, y cambio, y encuentro cosas, gente, que jamás se me habría ocurrido enlistar.



Leyendo tu escrito me siento totalmente identificado, fuí, soy y seré un chico lista. Excelente post Vicky. Gracias.
ResponderBorrarGracias a vos, por leerme siempre!
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