Termina diciembre. Termina el año. Momento de balances y revisiones, de recordar con sonrisas los buenos momentos y lamentar las malas decisiones o revisar si fueron tan malas realmente.
Es el momento también de hacer planes. De tomar lápiz, papel, convicción e imaginación y encarar la lista que los países sajones denominan "New Year's Resolutions" o, en nuestro castellano local, "Propósitos de Año Nuevo".
Es habitual que la lista la encabecen los propósitos que uno se había planteado para el año que se va y no cumplió. Eso de darse un año más (uno que en realidad pueden ser varios, según la antigüedad de la meta) para llegar al ansiado objetivo.
No hace falta organizar encuestas, los básicos son incluso universales: adelgazar, hacer más ejercicio, dejar de fumar. Algo que señala cuánto nos preocupa la salud mientras no sea momento de hacer algo por ella.
Luego vienen los propósitos de índole más bien económico, y en este rubro uno siempre tiene la posibilidad de culpar a otro de no haberlo cumplido ya. Al gobierno de turno, al que se fue, al jefe que paga poco y al almacenero que cobra mucho. Ahorrar, ganar más dinero, son algunas de las aspiraciones para el año que entra. Para todos en realidad.
Por último, los más ideales y seguramente, los más interesantes: leer más, ver más películas, algún viaje (dicen los que saben de cumplir objetivos que hay que proponerse un destino específico y no decir "viajar" en general), estudiar algo nuevo (idioma, carrera, curso de cocina), y ese tipo de cosas.
Solemos saludar a los demás para estas fechas deseándoles que el año que viene sea mejor que el que pasó. Y lo hacemos con un dejo de nostalgia, como si se hubieran pasado 365 días en vano.
Le decimos a los otros, y en cierto modo a nosotros mismos, que ojalá que el próximo sea "su" año. Sin embargo si lo pensamos bien sería bastante triste que así fuera. El objetivo, el deseo de toda una vida debería ser que el año por comenzar sea mejor que el que termina, y así permanentemente. Incluso si éste fue maravilloso.
Porque si no esperamos que cada año supere al anterior nos estamos exponiendo a la decadencia, a un continuo declive.
Haber logrado este año todo lo que se esperaba en la vida implica ir de ahí en más hacia abajo, hacia la chatura, hacia la nostalgia infinita. Horrible.
Deberíamos aspirar a tener buenos años, y luego años mejores, y así hasta el final.
Anoten todo lo que van a hacer este año, 2016, que les deseo espectacular. Pero también les deseo que no sea tan bueno como el 2017, y mucho menos que el 2018.
No dejen de soñar, de hacer planes, de armar proyectos, de intentar concretarlos. Pero por sobre todas las cosas, no dejen de hacer. El cine es un arte maravilloso, pero en la vida lo que funciona no es estar sentado en la butaca, sino ser quien actúa, quien realiza.
Quien es protagonista, en fin.




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