El caso horroriza a la ciudad, al país.
Lo impensable, lo insoportable: una beba recién nacida, con el cordón umbilical sin cortar aún fue abandonada en una bolsa de basura en una estación de servicio.
Una empleada del lugar la encontró, la abrigó, llegaron las autoridades, el hospital: la beba está sana y salva en cuanto a lo biológico, pero no tiene padres. O casi.
Gracias a las cámaras de seguridad del lugar se pudo identificar a la madre y a su pareja, quien, según los testimonios de las mismas empleadas, fue el que entró a la parte de mercado de la estación a comprar apósitos femeninos "para una emergencia".
Ambos fueron detenidos y acusados de "abandono de persona". Porque la beba sobrevivió, sino sería otra la causa.
Sin embargo, 24 horas después de esa imputación inicial, el hombre fue liberado por "falta de méritos" y ella, la madre, procesada y embargada.
Sé que esto sobre lo que voy a reflexionar no le causará gracia a muchos. Lo veo en los comentarios de las notas periodísticas sobre el caso. "Asesina", "que la castren", dicen todos con el dedito acusador.
Nadie se atreve a preguntarse qué pasó por la cabeza de esa mujer durante estos nueve meses y mucho menos en el momento en el que dejó a su propia bebé abandonada para morir.
¿Era realmente consciente de que eso que dio a luz era una persona?
En su familia no sabían que estaba embarazada. La madre de ella incluso dijo que no es la primera vez que oculta un embarazo. No es la primera vez. ¿Y qué piensan? ¿Que es una excéntrica, acaso? ¿A nadie se le ocurrió preguntarse si padece problemas psiquiátricos?
En lugar de intentar comprender la situación de alguien que llega a una situación tan extrema hacemos matemática de la psicología.
Es mujer (por ende NO HAY MANERA de que no quiera ser madre) + no es indigente (no tiene la excusa telenovelera de que no va a poder mantener al hijo) + no carece de instrucción = si no se hizo cargo de la bebé es una asesina en potencia.
La condena cae siempre, infalible y cruel, sobre la mujer.
Y la maternidad es el punto más evidente.
El supuesto padre dice no haber sabido que su pareja estaba embarazada. No se dio cuenta de que no menstruaba, conviviendo. No le tocó nunca el vientre. No observó malestares. Nada. Pero claro, es hombre. Y esas son cosas de mujeres.
Ella quedó procesada, él está libre.
Porque para condenar a la mujer, sí, vamos todos, es la que tenía la criatura en su vientre. Un padre puede, cómo no, es natural, ser abandónico, pero ¿cómo lo va a ser una madre?
En lugar de preguntarnos qué pasó con ella, le caemos con el peso de la ley.
La beba fue engendrada por ella sola, parece. El tipo que estaba allí, sea o no el padre, no tiene mérito para la justicia. Claro, es hombre.
Y de educación sexual, mejor ni hablemos.
Qué fácil es juzgar, condenar, pero sólo a las mujeres, porque la vida se evidencia en nosotras, porque tenemos la obligación.
Se nos condena si no deseamos ser madres, si lo deseamos pero también deseamos otras cosas. Si para desarrollarnos dejamos al chico con la niñera, o con la abuela. Si por ser madres se nos cayeron las tetas y se nos ensanchó la cadera. Si damos el pecho, si damos mamadera. Si le cantamos canciones de cuna, si no lo hacemos.
Se condena la educación sexual, el uso de anticonceptivos. El aborto.
Y después "no se entiende", no se acepta que se pueda llegar a una situación como ésta.
Se nos exige ser independientes, bellas hasta la muerte, y por belleza me refiero al sentido comercial, a la juventud eterna, a disimular el paso del tiempo por nuestros cuerpos, y claro, el de la maternidad.
Se nos exige ser madres, desearlo a como dé lugar. Ser buenas amas de casa, si es posible profesionales y con tiempo para todo eso más el spa y el gimnasio. Y los chicos, claro.
Una mujer que se queda en su casa, que "está al pedo", es condenada incluso por sus pares mujeres, que tienen que trabajar además de todo lo que hacen a nivel doméstico.
Nos desgajamos en múltiples funciones, somos capaces de cambiar un pañal mientras atendemos una llamada de trabajo con el celular. "Multitasking" nos gusta llamarnos. Para darle algo de simpatía a la situación.
No defiendo lo que hizo esta mujer, ni mucho menos, pero de verdad no entiendo el proceder judicial que en lugar de buscar una explicación, de ayudar a una mujer que hace algo tan extremo, la condena e ignora el rol del hombre.
¿Le puede parecer a alguien que lo hizo en su "sano juicio", con deliberación, con la perversa decisión de dejar morir a la criatura?
Y no es sólo la justicia. Toda la sociedad la mira mal.
Es intolerable. Una mujer que no quiera, no pueda cumplir con las expectativas que se tienen sobre ella. Y mucho más grave es que ni siquiera sepa disimularlo recurriendo a un aborto, ilegal, para que nadie se dé cuenta de lo que sucede en su cabeza.
Mal, mujer, te has portado muy mal. Asesina. Que te castren.


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