Se trataba de encontrar un adelanto del destino en cualquier cosa. Vísceras de animales, movimientos planetarios, restos de té o café, las líneas de las manos, una bola transparente, y cuanta cosa donde alguien asegurara ver, como a través de una pantalla de cine, qué deparaba el futuro.
Los gobernantes de todas las épocas y sistemas consultaron a sus adivinos, en vanos intentos por saber qué caminos seguir.
Y si ellos lo hicieron, por qué no el resto de los simples mortales. Al fin y al cabo a nadie le viene mal alguna ayudita en cuanto al resultado posible a la hora de tomar una decisión.
Así, cuando paseamos por Caminito o Plaza Francia, contamos con amplia oferta de puestos de tarotistas, que se reclaman a sí mismos videntes naturales en la mayoría de los casos, para detenernos un rato y pedir alguna iluminación sobre eso tan oscuro que es nuestro futuro. Por una módica suma de efectivo, por supuesto.
Pero ¿cómo saber cuál de estos pitonisos urbanos de siglo XXI es realmente lo que dice ser? Conviene hacer la consulta con algo de escepticismo, ya que no hay certificado alguno que avale que la persona sentada del otro lado de la mesita cuente con habilidades reales. Y es que lo sobrenatural también es inconmensurable.
Ante la duda, continuamos el paseo como lo que es, eso, un simple paseo, y dejamos las consultas para aquellos que sí parecen ostentar algún poder real. Los conocidos. Los famosos. Astrólogos, tarotistas, videntes naturales que salen en los medios, publican libros con los pronósticos anuales para todos los signos y en todos los horóscopos hasta ahora inventados. Bueno, si tienen ese nivel de popularidad, por algo será, ¿no?
Y sin embargo lo más saludable sería mantener la duda. Con respecto a la idoneidad del adivino en cuestión y con respecto a nuestro destino.
Lo del viaje hay que darlo por descontado. Se ve que es lo que todo el mundo quiere, así que no falla. En todos los futuros hay un viaje. No se aclara si el destino es el cementerio, pero el viaje está, sí señores.
Y con respecto a todo lo demás, bueno, mi experiencia personal es que, así como las interpretaciones de textos pueden variar de lector en lector, también varían las interpretaciones de las lecturas de cartas. Y los resultados pueden ser el opuesto absoluto de la realidad. El marido que los naipes prometen como fiel acaba de tener un hijo con otra; el dinero que abunda es en deudas, no en disponible; y la separación que la tarotista no ve es, en la realidad, inminente.
No es que no deje margen a la duda. Una vez mi hermana tomó un taxi y el chofer le habló de su presente y futuro, sin cobrarle un peso (por eso, le cobró la tarifa del taxímetro, claro). Un hombre con capacidades especiales. Existe gente así, puede ser. Como la mujer que ve gente muerta de la serie "Médium", personaje basado en una persona real, que de hecho asesora en la serie.
Lo que es seguro es que ninguno de ellos cobra por lo que los demás vemos como un don y ellos viven como una tortura. No debe ser muy divertido saber qué va a pasar. O qué pasó en el caso de las muertes violentas.
Al fin y al cabo de eso se trata la vida: de recorrer una aventura en la que escribimos cada capítulo a medida que avanzamos. Aunque nos gustaría tanto saber si ESE hombre es el amor de nuestra vida...
¿Tiramos las runas?





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